Línea Lila, una alternativa laboral frente al desempleo de mujeres
En el tercer trimestre de 2025, la tasa de ocupación masculina llegó al 79,7%, mientras que la femenina fue de 68,6%. La desocupación de las mujeres (3,3%) continúa siendo mayor que la de los hombres (2,5%) en los últimos años.

Hace siete años, unas 35 mujeres decidieron organizarse para enfrentar una realidad que marcó un antes y un después en sus vidas. Ya formaban parte de una organización gremial. Sin embargo, el asesinato de una de sus compañeras, una joven de 18 años, víctima de feminicidio a manos de su esposo, las impulsó a movilizarse. El agresor intentó quedar en libertad alegando un accidente, pero las mujeres presionaron hasta lograr una sentencia. Este hecho, sumado al impacto de la pandemia, motivó la creación del Centro de Mujeres Productivas y Emprendedoras (CEMUPE), quienes incorporaron en sus servicios el transporte operado por mujeres de nombre Línea Lila.
Formación, apoyo y alternativas seguras
El CEMUPE comenzó ofreciendo cursos de cocina, maquillaje y manicura. Además, incorporó uno de sus servicios más innovadores y demandados: la Línea Lila. El objetivo central es ofrecer un servicio libre de acoso y violencia, una demanda que crece frente a la inseguridad en el transporte público.
Durante la pandemia, la necesidad se convirtió en acción. Julia Quispe, ejecutiva de CEMUPE, recuerda que muchas integrantes no tenían ingresos y no había movilidades disponibles. Ellas se organizaron para trasladar medicamentos y alimentos, reforzando su rol comunitario.

Fotografía: Romer Terrazas sobre el desarrollo de las clases en CEMUPE.
Responder a la violencia y la falta de oportunidades
El 85% de las mujeres del CEMUPE ha sido víctima de violencia. Entre ellas está Damasia, excosturera y madre de siete hijos. Vivió situaciones tan graves que apenas salía de casa. Al ver en TikTok un anuncio de clases de conducción, decidió intentarlo. Aprendió, obtuvo su licencia y hoy forma parte de la Línea Lila. Su jornada inicia a las 6 de la mañana preparando la comida de sus hijos, y suele trabajar mayormente en las noches, cuando la población demanda más seguridad.

Foto: Romer Terrazas. Damasia, conductora de la Línea Lila.
Muchas mujeres que llegan al centro tienen entre 35 y 40 años, sin currículum ni experiencia formal, lo que les impide acceder a empleos estables. La formación en conducción se convirtió así en una puerta de ingreso al trabajo. Con apoyo de instructoras, obtienen su licencia en pocos días y, en muchos casos, se integran a la Línea Lila.
La historia de Carla
Otra integrante es Carla, quien desde los nueve años acompañaba a su madre a vocear en el transporte público. De niña presenció insultos y agresiones hacia su mamá, con quién ahora trabaja en la línea Lila. Cuando ella misma salía fuera de los locales para recoger pasajeros, sufrió ataques e intentos de amedrentamiento: insultos, empujones y amenazas.
Hoy, gracias a su formación en conducción, Carla trabaja principalmente los fines de semana y en horario nocturno, trasladando a jóvenes desde fiestas hacia sus casas o al aeropuerto entre las 2, 3 o 5 de la madrugada. También recoge universitarias desde La Paz hasta El Alto.
El control y la seguridad son administrados por ellas mismas: todos los vehículos tienen GPS, comparten ubicación en tiempo real y se reportan constantemente sobre dónde están, qué carrera realizan y si todas están bien. Las carreras se coordinan con al menos 30 minutos de anticipación para asegurar la llegada de la conductora.
Con la experiencia, Carla ha aprendido a identificar cuándo un pasajero podría representar un riesgo, especialmente en salidas de fiestas. Su prioridad es proteger su integridad física. Aunque algunas personas solicitan el servicio con temor inicial, al ver la seguridad y confianza, suelen pedir su contacto para continuar usándolo. La mayor parte de su trabajo consiste en recoger a mujeres de discotecas en La Paz y trasladarlas a sus hogares en El Alto.
Carla también enseña a conducir en los cursos del CEMUPE. En una semana, con dos horas diarias más el acompañamiento posterior, las estudiantes pueden obtener su licencia. Muchas mujeres empezaron como alumnas y luego se unieron a la Línea Lila. El centro además ofrece apoyo psicológico y legal para casos de violencia.

Área psicológica de CEMUPE para el apoyo a víctimas de violencia.
Romper estereotipos y usar redes como herramienta
El trabajo de estas mujeres desafía estereotipos que escucharon mucho anteriormente, como: “mujer al volante, peligro constante” o que “las mujeres deberían estar solo en la cocina”. Su profesionalismo ha generado que más mujeres se animen a conducir.
Desafíos por delante
Las integrantes reconocen retos pendientes. El principal es la brecha tecnológica, pues muchas no tienen formación digital, lo que dificulta la gestión de redes, difusión de información o el manejo de herramientas informáticas. Si pudieran recibir apoyo del Estado o de los municipios, priorizarían ese ámbito.
También trabajan en fortalecer su liderazgo y perder el miedo a las cámaras, para ésto recurren a capacitaciones en empoderamiento, educación financiera y liderazgo.

Imagen: Romer Terrazas. Grupo de conductoras de la Línea Lila.
Un ataque que abrió una oportunidad
Cuando intentaron expandirse con la Línea Lila Metropolitana, que incluía taxis, trufis y minibuses, fueron agredidas por choferes del transporte sindicalizado que intentaron impedir su inauguración.
Este hecho, sin embargo, generó una oportunidad inesperada: estudiantes de Ingeniería de último año de la UMSA se ofrecieron a desarrollar una aplicación de transporte similar a InDrive o Yango, como muestra de solidaridad. La app busca garantizar seguridad para usuarias y conductoras.
Proyección
El objetivo del CEMUPE es expandirse a otros departamentos. Actualmente ofrecen cursos en Oruro, están por habilitar las clases de conducción en Cochabamba y tienen el propósito de llevarlos también a La Paz.
Esto ocurre en un contexto donde las brechas laborales persisten pues en el tercer trimestre de 2025, la tasa de ocupación masculina llegó al 79,7%, mientras que la femenina fue de 68,6%; la desocupación de las mujeres (3,3%) continúa siendo mayor que la de los hombres (2,5%).