De residuo a recurso: ingenieros cruceños transforman botellas de vidrio en productos que impulsan la economía circular
En una ciudad que genera más de 1.800 toneladas de basura al día, un emprendimiento local busca reducir el impacto del vidrio a través de su reutilización.

Cada día, Santa Cruz genera aproximadamente 1.826 toneladas de residuos sólidos, lo que equivale a 1,14 kilogramos por persona. Sin embargo, solo una fracción de esos desechos es reciclada, según datos de la Red Ambiental de Información (RAE). El volumen no solo evidencia un problema de gestión, sino también la persistencia de un modelo lineal basado en producir, usar y desechar.
Frente a este esquema, la economía circular propone mantener los materiales en uso el mayor tiempo posible, reducir la extracción de recursos naturales y transformar residuos en nuevos insumos productivos. En este enfoque, la basura deja de ser el final del ciclo para convertirse en materia prima.
Entre los residuos urbanos, el vidrio representa un desafío particular. Es pesado, tiene bajo valor comercial en la cadena informal de reciclaje y puede causar accidentes cuando se rompe, lo que desincentiva su recuperación frente a materiales como el plástico o el cartón. Como resultado, muchas botellas terminan en vertederos o en circuitos informales de reutilización.
En ese contexto surge ReciGlass.
Una solución desde la ingeniería ambiental
El emprendimiento fue creado en 2018 por David Canido y Eric Campos, ingenieros ambientales formados en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno.
“Vimos que el vidrio era un residuo al que nadie le daba importancia y buscamos una forma de convertirlo en una solución”, relata David.

Botellas de vidrio recuperadas del entorno urbano (izq.) y proceso de corte en taller (der.). Foto: Captura de video / Facebook Reciglass.
La iniciativa combinó una preocupación ambiental con una necesidad laboral. Mientras uno buscaba mayor estabilidad profesional y el otro quería emprender en su ciudad, ambos identificaron en el vidrio una oportunidad para generar impacto ambiental y económico al mismo tiempo.
Los primeros años implicaron ensayo y error, ajustes técnicos y retrasos con proveedores hasta consolidar un producto apto para el mercado. Durante casi dos años trabajaron sin sueldo fijo mientras afinaban el proceso productivo.
El problema del vidrio y su doble impacto
Además de su bajo valor en el mercado de reciclaje, el vidrio plantea riesgos físicos para recolectores informales.
“La botella rota tiene picos, la gente se corta y lo que pagan por kilo es muy poco”, explica David.
A ello se suma un componente social: algunas botellas pueden ser reutilizadas para rellenar bebidas adulteradas. Al cortar y transformar esos envases en nuevos productos, se elimina esa posibilidad de reutilización irregular.

Botellas recuperadas listas para ser transformadas en nuevos productos. Foto: Captura de video / Facebook Reciglass.
“El vidrio es un material noble. Se puede reutilizar y reciclar muchas veces sin perder calidad”, señala.
Cómo funciona el proceso
ReciGlass trabaja con una red de recolectores denominada Rosita Pochi, quienes seleccionan las botellas según características específicas. No cualquier envase es útil: algunas colecciones requieren superficies lisas, mientras que los relieves limitan procesos como la serigrafía.
En el taller, el proceso incluye la remoción de etiquetas, el corte del vidrio, el pulido de bordes y la esterilización. Posteriormente, se aplica un flameado que suaviza los bordes, mejora el acabado y aumenta la resistencia del material.
“El flameado le da bordes suaves y brillantes, y el vaso gana mayor resistencia”, explica David.
Finalmente, los diseños se incorporan mediante serigrafía o grabado láser. En meses de menor demanda procesan alrededor de 1.000 botellas, mientras que en temporadas altas alcanzan hasta 3.000 unidades. Actualmente, el emprendimiento genera empleo directo para siete personas.

Proceso de pulido del vidrio y resultado final. Foto: Captura de video / Facebook Reciglass.
Economía circular aplicada a escala local
Aunque ReciGlass no realiza fundición industrial, su modelo mantiene el vidrio en circulación sin necesidad de refundirlo, lo que reduce el consumo energético y extiende su vida útil. Además de vasos, elaboran floreros, mesas que combinan madera reciclada y vidrio, y reutilizan materiales de laboratorio como tubos de ensayo y probetas.
La propuesta no elimina el problema estructural de residuos en la ciudad, pero interviene en una parte específica del flujo de desechos que tradicionalmente tiene bajo índice de recuperación.
Cultura cruceña como valor agregado
El emprendimiento incorporó un componente cultural a sus productos. “Como nuestra casa base es Santa Cruz, queríamos que no fueran vasos totalmente sobrios. Buscamos hacer algo diferente, vasos coleccionables con identidad cruceña”, explica David.
Los diseños incluyen mitos y leyendas como el duende o el guajojó, frases típicas locales y representaciones de fauna y flora regional. Esta estrategia no solo diferencia el producto en el mercado, sino que conecta el reciclaje con identidad cultural.

Colección inspirada en mitos, leyendas y expresiones culturales de Santa Cruz. Foto: Instagram ReciGlass
Resultados y desafíos
El modelo demuestra que es posible generar empleo y valor económico a partir de residuos, pero enfrenta desafíos. La competencia con productos convencionales de menor precio sigue siendo una barrera, ya que parte del mercado prioriza el costo inmediato por encima del origen del material.
Aun así, sus fundadores perciben cambios en el comportamiento del consumidor. “Hoy vemos más conciencia ambiental que hace unos años”.
ReciGlass no soluciona por sí sola las más de 1.800 toneladas de residuos diarios que genera Santa Cruz. Sin embargo, evidencia que la economía circular puede aplicarse a escala local, transformar un residuo de bajo valor en un producto comercializable y demostrar que el vidrio, antes descartado, puede convertirse en recurso.