Boligráfica, una opción de transparencia dentro de un Estado que se maneja a ciegas

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Datos sobre la pandemia que cuestan encontrar en los portales oficiales son presentados en este sitio de una manera digerible para el usuario

Muchas notas de prensa institucionales y pocos datos accesibles. Ese es el panorama cuando cualquier usuario ingresa a las páginas de las instituciones del Estado para recabar información o algún dato en específico, que generalmente no se encuentra o cuesta encontrarlo. 

En época de pandemia y con una mayor necesidad de acceder a datos, surge el proyecto denominado Boligráfica, una apuesta  por la transparencia en los datos relativos a coronavirus en el país, pero no solo a nivel nacional, sino también departamental y municipal.

“Estos datos siempre se han mostrado de forma nacional, pero eso no ayuda mucho, porque en cada departamento la situación es diferente”, cuenta Diego Acevedo Quintanilla de 27 años recién cumplidos, quien es el creador y administrador de Boligráfica.

 

Es bien entrada la noche en Suiza, país en el que circunstancialmente se encuentra Acevedo para culminar una maestría en ciencias ambientales, pese al horario se conecta vía Zoom para conversar con el equipo de Bolivia Verifica de uno de los temas que siempre lo apasiona: los datos.

A Diego lo acompaña Mauricio Foronda, uno de los programadores y analistas que apoya a Boligráfica, quien se conecta desde su domicilio en La Paz.

“Esta es en realidad, la segunda ocasión que tenemos –de vernos- con Diego, nunca hemos tenido una reunión”, cuenta entre risas Mauricio, un joven delgado con lentes, quien agrega que trabajan de forma descentralizada, cada uno en su computador, inmersos en los datos.

Si bien no pudo estar presente en la entrevista, otro de los colaboradores importantes que tiene Boligráfica es Gabriel Eduardo Weise.

Tanto Mauricio como Gabriel no son parte de BoliGráfica formalmente, pero sí son “indispensables colaboradores” en cuanto a los datos que usa ese portal, aclara Diego.

“La forma que hemos buscado de trabajar es ver dónde hay vacíos, dónde hay oportunidades para incrementar la capacidad de monitoreo y transparencia con la mayor resolución, entonces, cada uno llenaba desde el espacio que tenía a su disposición”, relata Mauricio sobre la labor de Boligráfica en este tiempo.

Este proyecto surge en periodo de pandemia. Inicia en julio de 2020 en las redes sociales, como una iniciativa propia de un joven inquieto que había quedado con “mucho tiempo libre” en periodo de cuarentena.

Conforme estos datos fueron útiles para cientos de usuarios en las redes sociales, Diego decidió crear la página web que fue oficialmente lanzada en agosto de 2020.

“Desde el principio hemos querido hacer esto, de forma gratuita, voluntaria, para corroborar con la sociedad, para el gobierno, los gobiernos que quieran usar nuestros datos”, recuerda.

Este trabajo inició a mitad de la primera ola de COVID-19, monitoreando datos de la pandemia del tablero de la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos, como también del portal Bolivia Segura, que había sido habilitado por el Gobierno nacional en ese entonces. 

“Ya tenía código para estar recolectando todo tipo de datos, de muertes, casos confirmados, recuperados”, recuerda Mauricio, uno de los colaboradores del proyecto.

Pero cada gobierno fue cambiando la forma de presentar los datos relativos a la pandemia y no solo desde el nivel central, también departamental y municipal.  “En cada operación que hicieron los gobiernos hemos ido adaptándonos”, revela.

Uno de los grandes problemas en el país, no solo con el tema de la pandemia, es que los datos no son presentados de forma clara, ni tampoco se encuentran visibles. “No hay un open data”, dice uno de los jóvenes.

“Uno tiene que estar escudriñando datos, como la basura del ministerio cada día, tienes que estar todo el tiempo buscando qué cosas dicen, qué reporte cambia, cómo se les ocurrió cambiar la marca del ministerio o del Sedes para dar con tal cifra y otra no, entonces, hay que estar todo el tiempo actualizando”, describe Mauricio sobre este trabajo de hormiga.

Para recopilar estos datos “que son muy difíciles de adquirir” forman un código, pero también hay trascripción manual que Mauricio y Gabriel la hacen.

“Eso es mucho trabajo, no es cualquier cosa, es complicado darle tanto tiempo a esto cuando no eres remunerado de ninguna manera, solo lo hacemos de manera voluntaria”, dice Diego.

Con toda esta información, se generan luego las gráficas, las que son entendibles para cualquier usuario en la red.

“Algo que siempre he querido dejar en claro es que no soy un experto tecnológico”, agrega Diego entre risas, al recordar que es un estudiante de maestría, “me dedico al cambio climático y tengo un perfil estadístico de datos, eso me ayuda mucho a hacer estas cosas”, dice mientras se acomoda el largo pelo que cubre parte de la visión de uno de sus lentes.

Un Estado a ciegas

El principal problema identificado por Boligráfica en el país es la falta de transparencia en la difusión de datos por las instituciones del Estado.

Para Mauricio, Bolivia es un “Estado que se maneja a ciegas”, porque tiene “muchos registros que no sabe cómo utilizar, que tiene datos para fiscalizar, controlar la autenticidad de una persona de algún proceso burocrático, pero que no sirven para tomar decisiones.

“Los registros no sirven para la inteligencia del Estado, no sirven para la gente, son cosas que están botadas con un gran valor, que tienen un costo gigante y están en todo lado”, se lamenta.

Diego sostiene que esta situación no solo pasa por las instituciones del Estado, sino también por una “ausencia” de una cultura de datos abiertos.

“Acá en Bolivia no se escucha mucho eso, no solo de COVID, sino de todo, que el gobierno pueda producir -datos-, tiene muchísimo valor, no solo para investigadores, sino para comunicadores, periodistas y economistas, pero todavía no existe esa cultura”, analiza.

El joven cree que la solución se da hablando del tema, introduciéndolo poco a poco en la agenda.

Mauricio agrega que este es un problema que está marcado en el país por una fuerte cultura política.

“La falta de datos, no solamente es el reflejo de una mala gestión, son los mismos técnicos que están con sobrecarga de trabajo con bases de datos desactualizadas, sucias, complejas y que tienen que entregar para justificar una decisión que una autoridad ya ha tomado; ese fenómeno lo veo en todo lado”, acota.

“El INE tampoco ayuda mucho”, interviene Diego al referir que esta institución encargada de proporcionar información, proyecciones y datos sobre la realidad del país, tiene un servicio “muy limitado” para el usuario en internet.

“Su página no es muy buena, también es muy limitado en lo que comparte, no se encuentran datos antiguos, a veces solo muestran lo nuevo, o informes a nivel nacional, cuando lo más útil es tener a nivel departamental y municipal”.

Para él, tanto el Instituto Nacional de Estadística (INE), como otras instancias gubernamentales tienen aún espacio para mejorar, pero también se requiere de un empuje de la propia sociedad que exija datos abiertos.

Mauricio añade que otro problema visible en este campo es la “politización de la comunicación”, la cual lleva a que el gobierno quiera transparentar lo menos posible “para ofrecer la menor cantidad de fiscalización a agentes como Bolivia Verifica u otros”.

Acota que también hay un problema de gestión que es de más largo aliento.

“Si es que una autoridad con la mejor intención posible quiere cambiar los procesos y la calidad institucional para producir datos de una forma oportuna, se va a enfrentar a problemas muy serios, porque gran parte de esta información, como las fotocopias del carnet, van a un registro que no es archivado ni tratado de una forma útil para el futuro, sin una proyección”.

Es decir, para generar un reporte, prácticamente se debe realizar una consultoría nueva.

El inconveniente según los jóvenes, está en la falta de planificación, poniendo como ejemplo el caso de la Agencia de Gobierno Electrónico y Tecnologías de Información y Comunicación (Agetic); un proyecto de largo alcance con altos costos de coordinación política, pero sin una planificación concreta de qué tipo de datos tomar.

“En realidad –esta planificación- se posterga indefinidamente hasta que alguien decida que existe valor en los datos”, concuerdan ambos.

En resumen, los datos del Estado son prácticamente “inexistentes” en Bolivia, más aún, si se compara con otros países vecinos como Argentina o Perú. “Ahí tienen transparencia en todo tipo de datos”, admite Diego.

“Son datos muy importantes para saber qué está pasando, para investigación y también para generaciones futuras, para entender diferentes fenómenos que han ocurrido”.

El acceso a este tipo de información en Bolivia es muy limitado. “Si para un medio de comunicación es complicado conseguir información, imagínense para la sociedad civil”, cuestiona Diego.

Uno de los cuadros estadísticos de Boligráfica sobre la vacunación en el país.

¿Cómo consiguen estos datos para la información que brinda Boligráfica?

“De funcionarios anónimos que nos facilitan, pero que no tienen la estructura para compartirlos”, revelan, por lo que esa información debe ser posteriormente transcrita y pasada a limpio.

La información es obtenida de diferentes ministerios y direcciones estatales.

“Tenemos código para asistirnos en estas tareas, la mayor parte es automática, como los casos –de COVID-19- por departamento o por municipios, nos tomamos de diferentes fuentes de servicio que tiene el gobierno”, responde Mauricio.

Refiere que la idea es tener la menor carga posible de trabajo, que sea fácil de manejar, “pero hay cosas que deben ser transcritas”.

¿Cuál es el futuro de Boligráfica?

Por ahora entra en un receso, aunque los datos aún siguen actualizándose en su portal de forma automática. “La idea es que volveremos a estar activos en el futuro, sea para volver a cubrir sobre la COVID-19 u otras temáticas como economía y medio ambiente, especialmente el cambio climático, que es mi especialidad”, revela Diego con una leve sonrisa.

Mientras tanto, el deseo de Mauricio es que en Bolivia se tengan datos abiertos en todas las entidades.

“Me gustaría ver datos abiertos, públicos, verificables, transparentes, versionados en entidades de salud, de economía, de impuestos, de seguridad; me gustaría hablar con algo de sentido, con algo de sustento cuando quiero entender alguna noticia; por ejemplo, hay temas de feminicidios y no puedo opinar de una forma que no sea recurriendo a mis impresiones o mis sentimientos en cualquier momento, porque no hay datos que pueda analizar, no hay una teoría que pueda probar, no hay nada”.

Así, este proyecto abrió candados de información que estaban cerrados para la sociedad civil, y que solo tenían acceso autoridades que hacían interpretaciones antojadizas. Un primer paso a una cultura de datos abiertos en el país.

También puedes ver: 

Ningún ministerio cumple con los criterios de transparencia en su página web