Conflicto: la desinformación se convirtió en el principal combustible digital
El monitoreo de 362 contenidos difundidos durante el conflicto revela que siete de cada diez publicaciones contenían desinformación. Facebook fue la principal plataforma de difusión y el discurso de odio predominó como incentivo para hacer virales los contenidos.

Jesús Vargas Villena
“PolloPaz” o “renuncia Rodrigo” fueron las etiquetas o hashtags más comunes en los contenidos difundidos durante el conflicto en Bolivia, que mantuvo un bloqueo de más de 50 días en diferentes regiones, lo que desató una fuerte crisis política y social. Estas etiquetas son el resultado de una campaña sistemática que buscó la inestabilidad política y social con el manejo de emociones, especialmente la que domina “el miedo”.
Durante los más de 50 días de bloqueos que atravesó Bolivia, las redes sociales no solo reflejaron el conflicto político y social, sino que también se consolidaron como el principal escenario para la circulación de desinformación.
Un monitoreo realizado por el Observatorio de Bolivia Verifica analizó 362 contenidos difundidos en mayo en distintas plataformas digitales y encontró que el 70% correspondía a desinformación, mientras que el 12% contenía discurso de odio y el 9% eran denuncias sin sustento verificable.
Los resultados muestran que la disputa por la narrativa del conflicto se trasladó con fuerza al espacio digital, donde la velocidad de circulación de contenidos superó, en muchos casos, la capacidad de verificación.
Facebook volvió a concentrar la mayor circulación
El análisis confirma que Facebook continúa siendo la principal plataforma para la difusión de contenidos durante coyunturas de alta conflictividad. El 59% del material monitoreado circuló en esa red social, seguida de TikTok con el 24%, WhatsApp con el 6%, Instagram con el 4%, sitios web con el 3% y X con el 2,5%.
Esta distribución refleja que, pese al crecimiento de nuevas plataformas, Facebook mantiene un papel central como espacio de viralidad de narrativas políticas y de desinformación en Bolivia.

La emoción predominó sobre la información
Uno de los hallazgos más relevantes del monitoreo es que los contenidos buscaron movilizar emociones antes que informar.
El 60% de las publicaciones analizadas apeló principalmente al discurso de odio, mientras que un 39% recurrió a la especulación. Apenas el 1% tuvo como objetivo principal informar.
Esta tendencia evidencia que las estrategias digitales durante el conflicto privilegiaron mensajes orientados a polarizar, generar indignación o reforzar posiciones políticas, antes que aportar información verificable.
En el caso de Facebook, se puede medir en parte las emociones con el tipo de reacción que escoge el usuario a cada publicación. La reacción más común fue “Me gusta” con el 56%. “Me divierte” fue la segunda reacción más utilizada con el 21% y “Me enoja” con el 10%. Solo el 1% respondió a la reacción de “Me entristece”.
La polarización se refleja también en las interacciones de los usuarios en las redes sociales; en este caso, publicaciones que hablaban de fallecimientos por el conflicto tenían reacciones predominantes de “Me divierte” en Facebook.

Rodrigo Paz concentró la mayor parte de la desinformación
El monitoreo también muestra una fuerte personalización del conflicto.
El actor más afectado por la desinformación fue el presidente Rodrigo Paz Pereira, quien apareció en el 41,71% de los contenidos analizados. Muy por detrás se ubicaron el expresidente Evo Morales Ayma con el 8%, el ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora Liebers, con el 6% y el ministro de la Presidencia, José Luis Lupo Flores con el 4%.
Cuando se analiza únicamente la asociación negativa de los nombres mencionados, Rodrigo Paz vuelve a ocupar el primer lugar con el 30%, seguido por la Policía Boliviana con el 9%, las Fuerzas Armadas con el 7% y Evo Morales también con el 7%.

Estos datos reflejan que parte de las campañas de desinformación giró alrededor de figuras políticas específicas y de instituciones involucradas en el conflicto.
Temática que predominó en el conflicto
El pedido de renuncia de Rodrigo Paz fue la principal tendencia con el 23%. La conversación digital también se centró en el paro de la Central Obrera Boliviana (COB), que concentró el 11% de los contenidos, y en los bloqueos, el 10%. Otras temáticas mencionadas durante el conflicto tienen que ver con la intervención policial en El Alto, el estado de excepción, la renuncia de ministros, el corredor humanitario, narcotráfico y grupos armados, una posible detención de Evo Morales, el desabastecimiento de productos, la reducción de sueldos en el Ejecutivo, la nacionalidad del presidente Paz, una posible proclamación de Edmand Lara y el avión Hércules que llegó desde Argentina como las principales.

Las páginas “disfrazadas” dominaron la difusión
Otro hallazgo importante es la naturaleza de las cuentas que difundieron estos contenidos.
Aunque la mayoría se presentaban como medios digitales con el 37% o creadores digitales con el 18%, el análisis determinó que, en realidad, el 39% correspondía a páginas disfrazadas, es decir, perfiles que aparentaban ser medios informativos sin cumplir funciones periodísticas.
Solo el 28% correspondía efectivamente a medios digitales que sí difundieron desinformación, ya sea de manera intencional o por error, especialmente por la premura de la primicia.

Este comportamiento confirma una tendencia observada en otros procesos electorales y conflictos sociales: la utilización de identidades aparentemente informativas para aumentar la credibilidad de contenidos falsos.
La mayoría de los contenidos fueron producidos en Bolivia con el 47%, pero también se identificó la influencia y manipulación de desinformación desde otros países como Argentina, que representa el 5%, y le sigue Venezuela con el 4%. Es decir, se identificaron contenidos virales que fueron difundidos desde esos países con nombres de páginas bolivianas, generando altos niveles de polarización.
También se identificaron contenidos realizados para el conflicto desde Estados Unidos, Japón, España, Ecuador, Chile, Perú y Rusia.
Los nombres de medios e instituciones más utilizados en contenidos de desinformación fueron de Red Uno, Unitel, El Deber, Bolivisión, ATB y Bolivia Verifica con el fin de dar credibilidad a las publicaciones.

También se utilizaron nombres de instituciones en la desinformación y los discursos de odio, el más común, Blackwater, una empresa militar privada encabezada por Erik Prince, quien opinó en su cuenta de X sobre el conflicto boliviano para solicitar la intervención del gobierno estadounidense. Solo su publicación, donde advierte del ingreso de grupos armados irregulares a Bolivia, tiene 107.900 reproducciones, suma 3 mil reacciones, 1000 compartidas y 292 comentarios.
Otras instituciones mencionadas en las desinformaciones de forma constante son el Banco Central de Bolivia (BCB) y la empresa de seguridad Brinks con temas de especulación sobre una presunta salida de divisas del país.
Videos, montajes e inteligencia artificial
La mayoría de la desinformación se difundió mediante formatos audiovisuales.
Los videos representaron el 28% de los contenidos, seguidos por montajes gráficos con el 25%, imágenes fuera de contexto con el 19% e imágenes generadas con inteligencia artificial con el 11,6%. Además, un 9% correspondió a videos creados con IA.

El incremento de contenidos generados mediante inteligencia artificial evidencia cómo estas herramientas comienzan a ocupar un lugar cada vez más relevante en la construcción de narrativas falsas.

La Paz concentró la conversación digital
En cuanto al territorio, el departamento de La Paz fue mencionado en el 52% de los contenidos monitoreados. A nivel municipal destacaron La Paz con el 21% y El Alto con el 19%.

Esta concentración coincide con el desarrollo de los principales episodios del conflicto, donde se registraron bloqueos, enfrentamientos y movilizaciones.
Parte de la desinformación desapareció de las plataformas
El monitoreo también encontró que una parte importante del contenido ya no está disponible. El 38% de las publicaciones difundidas durante el conflicto fueron eliminadas posteriormente y el 4% de las cuentas responsables de difundir desinformación también desaparecieron de las plataformas.

Este comportamiento dificulta el trazo de campañas de desinformación y representa uno de los principales desafíos para investigadores y verificadores.
Una radiografía de la desinformación en tiempos de crisis
Los resultados del Observatorio muestran que, durante los más de 50 días de conflicto, la conversación digital estuvo dominada por contenidos diseñados para polarizar y movilizar emociones antes que informar.
Facebook mantuvo su liderazgo como principal espacio de difusión, mientras que los videos, los montajes y el contenido generado con inteligencia artificial se consolidaron como los formatos preferidos para hacer virales narrativas falsas.

Más allá de los actores involucrados, el monitoreo evidencia un patrón recurrente en escenarios de alta conflictividad: la desinformación no surge de manera aislada, sino que se articula mediante redes de páginas que aparentan ser medios informativos, apelan al discurso de odio y aprovechan la incertidumbre para amplificar su alcance.

El odio aparece como principal motor de movilización no solo en las carreteras, sino en las vías que se abren mediante las redes sociales. Palabras como “bestias”, “caníbales”, “masistas”, “salvajes”, “karas”, “terratenientes”, “capitalistas”, “ratas” y “zurdos” fueron etiquetas que también se repitieron en el conflicto, especialmente en los comentarios, donde se muestra un alto nivel de polarización.
El odio y la desinformación han sido los ingredientes más utilizados para generar un ambiente de polarización en el país, impulsado desde las plataformas digitales y convertido en violencia en las calles.