Pese a los indicadores, Arce negó la existencia de una crisis económica
Algunos indicadores del declive gradual de la economía boliviana son la falta de impulso a la producción y a la diversificación productiva, la caída de las exportaciones, la caída de las reservas internacionales y una crisis de la balanza de pagos.

Disminución de la producción de gas y las exportaciones, reducción del PIB y las RIN, escasez de combustibles, aumento de precios de la canasta familiar y falta de dólares. Estos son algunos de los síntomas del declive económico que atraviesa Bolivia pero que el Gobierno niega. El propio presidente Luis Arce aseguró que «no hay una crisis», pese a que las cifras y los hechos evidencian lo contrario.
El el 12 de marzo de 2025, en una conferencia de prensa donde reclamó al Legislativo la aprobación de un conjunto de créditos internacionales, el mandatario dijo lo siguiente:
“Queremos ser enfáticos en aclarar a muchos políticos que claramente, con la intensión de desestabilizar y generar zozobra, hablan de que nuestro país está quebrado (…). Hoy, el problema que enfrentamos no es que la economía está quebrada, no es que estamos en una crisis económica, (sino que) estamos enfrentando un problema de iliquidez de dólares para pagar las importaciones de combustible”.
Ver esta publicación en Instagram
El gobierno de Arce acusó varias veces a las fuerzas opositoras y a los disidentes del Movimiento al Socialismo (MAS), leales al expresidente Evo Morales, de sabotear su gestión al frenar la aprobación de préstamos millonarios que necesita para cubrir la falta de la moneda extranjera.
Ante la postura del presidente, analistas económicos ofrecen una perspectiva diametralmente opuesta, respaldada por datos y observaciones sobre la coyuntura nacional, coincidiendo en que el país enfrenta una profunda recesión. La escasez de dólares persiste desde 2023, mientras que el desabastecimiento de combustibles golpea al país desde el 2024.
Anatomía de la crisis
Para el economista Alberto Bonadona, la crisis boliviana tiene raíces profundas y se manifiesta en múltiples frentes.
“Para mí, hay una crisis económica muy grave que comenzó en 2015, cuando las reservas empezaron a disminuir, la producción de gas disminuyó y también disminuyeron las exportaciones a Brasil”, observó.
Bonadona enfatizó en la vulnerabilidad de una economía dependiente de un solo sector exportador: “Diría que cuando hay problemas, principalmente para un país como el nuestro, una caída de la producción de hidrocarburos genera un problema en las exportaciones y entramos en una situación de crisis”.
El siguiente cuadro sustenta el análisis del experto:

El analista Joshua Bellott coincide en la existencia de una crisis, aunque advierte sobre la dificultad de percibir su verdadera magnitud debido a la manera en que se presentan las cifras oficiales.
“En Bolivia, muchas veces no se comprende la magnitud de la crisis debido a una gestión inadecuada de las cifras”, Bellott ilustró esto con los datos de la inflación.
«Si comparamos 2010 con 2023 en cifras de crecimiento, el PIB nominal y el PIB real, hay una diferencia del 70%. ¿Qué significa esto? Que la inflación generalizada, no medida por el Índice de Precios al Consumidor (IPC), sino por la inflación de todos los bienes producidos en la economía, ha alcanzado el 70%”, explicó.

Bellott indicó que no se notó esta inflación porque ha sido gradual y suave, pero con el tiempo ha deteriorado los ingresos de la población y, por supuesto, el poder adquisitivo de los salarios.
“Lo que compro hoy es la mitad de lo que compraba con mi mismo sueldo, con los mismos ingresos que en 2010”, apuntó.
¿Cuáles son los síntomas de la crisis?
“El primero es la falta de impulso a la producción. El segundo sería la caída de las exportaciones. El tercero es la caída de las reservas internacionales. El cuarto es una crisis de balanza de pagos, precisamente por todo lo anterior. En quinto lugar, podríamos ubicar la inflación. Y la última que se me ocurre en este momento es la creación de empresas públicas que no corresponden a un plan integral del Estado” remarcó Bonadona.
Bellott profundizó en la manifestación de estos síntomas en Bolivia: “Al hablar de inflación, es importante mencionar la inflación de alimentos, que supera el 24% anual. El siguiente síntoma importante es la escasez de dólares. No hay dólares en el país, el tipo de cambio se ha encarecido, por lo que las importaciones son mucho más caras y, por consiguiente, los mercados se han desabastecido. Otro síntoma importante que los comerciantes tienen en el mercado es que no hay demanda, por lo tanto, no hay actividad económica, no hay movimiento”.
Este cuadro elaborado por Fundación Jubileo con datos del CBC muestra la caída de las reservas.
Además, Bellott apunta a la caída de la productividad como un factor subyacente grave: “Entre 2010 y 2024, hemos tenido una caída de la productividad de al menos un 60%, por eso hoy sabemos que el crecimiento económico de Bolivia será muy bajo. El Gobierno dice 3,5%, pero el FMI ya nos ha dicho 1,1%, el Banco Mundial 1,2%”.
La respuesta del Gobierno
Frente a este panorama crítico, el ministro de Economía Marcelo Montenegro ofreció una visión optimista, basada en indicadores específicos. En concreto se refirió a los resultados del sistema financiero.
“El sistema financiero boliviano alcanzó utilidades de Bs 2.670 millones en 2024, un crecimiento del 29,5% respecto a 2020 (…). Las cifras del sistema financiero muestran que hay un sector que ha ido relativamente bien y no se puede decir que la economía boliviana está destrozada”, dijo casi en coincidencia a las declaraciones del presidente.
Montenegro también destacó el crecimiento de los depósitos y la cartera de créditos y cuestionó la pertinencia de los análisis externos, como los del FMI.
Mientras el Gobierno se apoya en los resultados del sector financiero y proyecciones de crecimiento, los analistas insisten en analizar los datos y expresan que la crisis se manifiesta en la pérdida de poder adquisitivo, la caída de la productividad y la falta de divisas, afectando directamente a la población y al tejido productivo del país.
