No hay evidencia científica de químicos tóxicos no declarados en vacunas contra la covid-19
La desinformación circula en diferentes redes sociales tras la confirmación en Bolivia de dos casos de la denominada «gripe K».

Jesús Vargas Villena
“Heroínas en tiempos modernos de engaño”, así son calificadas las médicas argentinas Lorena Diblassi y Marcela Sangorrin tras anunciar que hay elementos químicos no declarados en las vacunas contra la covid-19 en diferentes publicaciones en las redes sociales; sin embargo, este contenido es falso, pues no son estudios revisados por pares ni avalados científicamente. Acá te lo explicamos.
El contenido fue identificado en una publicación en Threads, donde se alerta del «peligro» de las vacunas contra la covid-19.
La publicación fue compartida desde el 16 de diciembre en la cuenta kleversalasm, donde se indica lo siguiente:
“Alerta mundial. La verdad está saliendo a la luz, las vacunas contienen componentes no declarados, muchos de ellos son neurotóxicos. Hacerlo viral. Urgente. Despertar”.
Esta alerta va acompañada de un video donde se ve una entrevista a dos médicas argentinas. “Ahora los científicos empiezan a hablar de la basura que le inyectaron a la gente”, dice uno de los textos sobrepuestos al audiovisual.
En el video se habla de una investigación a nombre del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet), donde se entrevista a dos médicas Lorena Diblassi y Marcela Sangorrin, quienes alertan de químicos no declarados en las vacunas.
Las médicas explican que su investigación inició en la provincia Neuquén de ese país, donde hablan de efectos adversos reportados por las vacunas como hemorragias, turbo cáncer, problemas de fertilidad y hasta la muerte. Incluso, indicaron de un juicio que perdió la empresa Pfizer en Estados Unidos por la composición de sus vacunas.
La entrevista original fue publicada el 10 de enero de 2025 por Canal 9 Litoral que se transmite en las provincias argentinas de Entre Ríos y Santa Fe. “Científicos argentinos detectaron elementos químicos no declarados en vacunas covid 19”, dice el titular de la entrevista que tuvo una duración de 10 minutos.

Según la entrevista, donde participaron la bióloga Sangorrin y la biotecnóloga Diblasi, seis marcas de vacunas habían sido analizadas, donde encontraron elementos «no declarados» como arsénico y grafeno.
Informes no validados
Este mismo video circuló en diferentes países. Precisamente, la verificadora Maldita.es de España informó que uno de los documentos que citan los contenidos no es un estudio que se encuentre en una revista científica ni ha sido revisado por pares, mientras que el otro se ha publicado en una web que critica a las vacunas contra la covid-19, sin estándares de calidad y con numerosos fallos en el documento.
Maldita es una verificadora que forma parte de la International Fact-Checking Network (IFCN) al igual que Bolivia Verifica.
Uno de los informes que utilizan en el video para afirmar que se han encontrado elementos químicos “tóxicos” no declarados en 65 viales (recipientes sellados) de seis marcas de vacunas contra la covid-19, ni es un estudio publicado en una revista científica, ni ha sido revisado por pares.
En el mundo académico, no basta con escribir un hallazgo; es necesario que la comunidad científica lo certifique. En ese proceso, expertos del mismo nivel que el autor, denominados como «pares», evalúan el estudio antes de ser publicado.
Tanto este como un segundo documento mencionado durante el video, están elaborados por dos personas: Marcela Sangorrin y Lorena Diblasi, quienes indican que encontraron metales pesados en las vacunas. Ambas trabajan en Conicet.
La verificadora Maldita.es se contactó con Conicet para saber si avalan los informes de Sangorrin y Diblasi sin obtener ninguna respuesta.
El segundo documento que citan los contenidos compartidos, cuyas autoras también son Sangorrin y DiBlasi fue publicado en International Journal of Vaccine Theory, Practice and Research, una revista internacional de teoría, práctica e investigación sobre vacunas, que se define como “académica revisada por pares y de acceso abierto sobre el desarrollo, la distribución y el seguimiento de las vacunas y sus componentes”. Para publicar en ella se pide una tarifa de 300 dólares estadounidenses con precios de 15 o 20 dólares por página.
En su revisión, Maldita.es encontró que esta revista no está indexada por PubMed, la base de datos bibliográficos más utilizada para buscar literatura biomédica. “Los criterios de revisión por pares y las cualificaciones de los revisores o árbitros varían”, aclara PubMed.
Una revista «indexada» es aquella que ha sido incluida en bases de datos internacionales de alta calidad como Scopus, Web of Science o PubMed.
Un análisis de la web de la revista citada en el video muestra que el equipo editorial está liderado por un lingüista y exprofesor de una universidad estadounidense, quien en 2010 copublicó un libro donde defendía el bulo sobre la relación entre las vacunas y el autismo.
El editor senior de la publicación, Christopher Shaw, es un oftalmólogo en la Universidad de Columbia Británica, coautor de dos artículos de 2011 en los que se cuestiona la seguridad de los adyuvantes (potenciadores) de aluminio que se añaden a muchas vacunas para aumentar la respuesta inmunitaria.
El Comité Consultivo sobre Seguridad de las Vacunas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) los revisó y concluyó que presentaban graves defectos. Ambos fueron trabajos financiados por organizaciones que cuestionan la seguridad de las vacunas.
“El consejo editorial es una broma”, declaró Matti Sällberg, catedrático de análisis biomédico del Karolinska Institutet de Estocolmo de Suecia a los verificadores irlandeses de Logically Facts. “Ninguno de los editores o editores asociados son científicos de buena reputación. Algunos ni siquiera están en el ámbito del título de la revista”, añadió.
New Lines Magazine dedicó una publicación a las posturas antivacunas y contrarias a la evidencia científica actual de otros miembros del equipo editorial.
Lo publicado en International Journal of Vaccine Theory, Practice, and Research se trata de un “artículo de opinión” y no un estudio científico, “aunque lo parezca”, dijo a Maldita.es el experto español de ensayos clínicos Roger Solanas.
En primer lugar, el documento “no es objetivo” porque en el resumen “ya muestra que los autores están en contra de las vacunas covid”: “Un paper (estudio científico) no se posiciona, simplemente expone lo hallado y en las conclusiones valora los resultados”, declaró el experto.
Sin embargo, en la primera línea del documento puede leerse lo siguiente: “Las vacunas experimentales supuestamente inventadas para combatir la covid-19 se impusieron coercitivamente a la población mundial a partir de finales de 2020”.
Además, la muestra está compuesta por 33 viales de distintas marcas y lotes, lo que supone que es “pequeña, no homogénea y sin una metodología clara”, añade Solanas. Tampoco se indica que se haya usado una muestra control. “Para que los resultados fuesen verdaderamente objetivos y válidos habría que haber obtenido un vial igual que cada uno de los viales evaluados, pero sin ningún componente de la vacuna”, refirió.
“No sigue ni tan siquiera la estructura adecuada de un trabajo científico. La terminología, la metodología y el contenido, los resultados, análisis e imágenes son inadecuadas”, explicó el profesor Alberto Nájera de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y director del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud de España (CCARS) a la verificadora Maldita.
Respecto a los resultados del documento, Solanas afirmó que los metales encontrados “están en proporciones bajísimas”. Además, como señala el científico, las referencias, en vez de incluir las investigaciones en las que este trabajo debería haberse sustentado, son canales en Telegram, videos sacados de YouTube, libros autopublicados, páginas web de “revistas alternativas”, noticias, artículos científicos que no tienen relación con el tema tratado o incluso experimentos caseros.
Sobre la metodología, Nájera indicó que “no es posible, con el equipamiento utilizado, ver átomos individuales”. Además, la mención de estructuras morfológicas como «pulpos» o «gusanos» es poco científica. “Este tipo de descripciones deben evitarse o ser respaldadas con imágenes claras, análisis cuantitativos y explicaciones racionales. Se trata de un esperpento”, concluye Nájera.
Por último, en las conclusiones del estudio, en lugar de indicar las fuentes de estos posibles metales y “extraer una conclusión lógica, solamente reafirman ideas preconcebidas: que las vacunas son malas, y que su estudio lo demuestra”, agregó Roger Solanas.
El resumen de Solanas sobre los documentos mencionados es que parecen ser el resultado de que se haya utilizado un espectrómetro de masas (instrumento que mide la relación masa/carga) y metido unas gotas del contenido de 33 viales diferentes de la vacuna del covid-19 de distintas marcas sin utilizar un «blanco» (o muestra de control). El resultado es la detección de impurezas que aparentemente formarían parte de la composición del fármaco, “sin valorar si estas podrían estar en el aire del laboratorio, en el agua usada para diluir la muestra, en el polvo del propio aparato”.
Sobre el juicio a Pfizer
En realidad, un juez de distrito en el estado de Texas, Estados Unidos ordenó el año 2022 a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés) que haga públicos los datos en los que se basó para autorizar la vacuna covid-19 de Pfizer, imponiendo un cronograma acelerado.

La resolución del juez Mark Pittman de la ciudad de Fort Worth exigió acelerar el proceso de difusión de 500 al mes a 55.000 mensuales a partir de marzo de 2022. Eso significó que todos los datos de la vacuna de Pfizer están disponibles. Es decir, esta empresa no perdió un juicio por la composición de sus vacunas, sino que la hizo pública.
La gripe K y las vacunas
La desinformación circula tras confirmarse los primeros casos en Bolivia de influenza H3N2 o “gripe K”, por lo que se incrementaron las campañas de vacunación.
El Gobierno nacional confirmó el 24 de diciembre dos casos positivos de influenza A H3N2, identificándose la presencia del “subclado K”, considerado “de alta relevancia epidemiológica”, informó en conferencia de prensa la ministra de Salud Marcela Flores Zambrana. Uno de los casos es de un hombre de 52 años de El Alto y el segundo una niña de 6 años en La Paz.

El subclado es en realidad un subgénero de la gripe AH3N2. Se trata de la nueva variante, denominada J.2.4.1 o subclado K, que fue detectada por primera vez en agosto en Australia y Nueva Zelanda y desde entonces ha sido identificada en más de 30 países, informó la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En este caso, el Gobierno nacional anunció que los centros de salud están vacunando contra la influenza como principal medida preventiva.
Por todo lo expuesto, se puede constatar que los informes anunciados en el video en contra de las vacunas para la covid-19 no tienen sustento científico. Además, las vacunas contra la influenza son diferentes, tienen otra composición.
