Mujeres que transforman El Alto: El modelo de reciclaje de Warmis Recicbol que recupera 20 toneladas de residuos al mes
Más de 40 personas integran Warmis Recicbol, una asociación que organiza la recolección, clasificación y procesamiento de residuos reciclables en la ciudad de El Alto.
En la ciudad de El Alto, el recojo de residuos sólidos alcanza aproximadamente 850 toneladas diarias, según datos del Gobierno Autónomo Municipal de El Alto (GAMEA). Sin embargo, la recuperación de estos materiales no depende únicamente del sistema de limpieza urbana. Una parte importante del reciclaje se sostiene gracias al trabajo de asociaciones de recolectores que organizan la recolección, clasificación y procesamiento de residuos reutilizables.
Una de estas iniciativas es Warmis Recicbol, una asociación que, en aproximadamente un año y medio de funcionamiento, ha estructurado una red de más de 40 personas dedicadas al acopio y procesamiento de residuos no peligrosos.
Para conocer cómo funciona esta iniciativa, los procesos que realizan y los desafíos que enfrentan, Bolivia Verifica entrevistó a Marcelo Nina, vicepresidente de la organización. Según explicó, se trata de una asociación conformada en un 97% por mujeres, dedicadas principalmente al trabajo de recolección y clasificación de residuos reciclables.
Cómo se organiza el trabajo
El trabajo dentro de Warmis Recicbol se divide en tres áreas principales: recolección, selección y procesamiento de materiales. A estas se suma un equipo técnico de ocho a nueve personas que colaboran de manera voluntaria, apoyando en tareas operativas y de gestión.
Las recolectoras (conocidas también como acopiadoras) son el primer eslabón de la cadena. Su labor consiste en recuperar materiales reciclables desde distintos puntos de la ciudad.
Los horarios de trabajo varían dependiendo de las zonas donde se realiza la recolección. En algunos barrios, las jornadas comienzan alrededor de las 15:00 o 16:00, mientras que en sectores comerciales como la Ceja de El Alto, el trabajo suele iniciar entre las 22:00 y las 23:00, cuando los negocios cierran y los residuos comienzan a acumularse. También existen grupos que realizan su labor durante la madrugada.
Las recolectoras recuperan materiales de contenedores de basura, puestos comerciales, mercados y unidades educativas. Posteriormente, los residuos recolectados son trasladados al área de selección, donde se realiza la clasificación por tipo de material.
¿Cuánto material logran recuperar?
Según Nina, actualmente la asociación logra recuperar alrededor de 20 toneladas de residuos reciclables al mes, entre cartón, papel, nylon y plásticos duros.

Parte del material recolectado por Warmis Recicbol.
En algunos periodos, el volumen puede incrementarse. Por ejemplo, existen semanas en las que logran recolectar hasta dos toneladas de cartón.
Sin embargo, la capacidad de recuperación podría ser mayor.
“Podríamos llegar al doble”, explica Nina. No obstante, existen limitaciones operativas que reducen el volumen de material que finalmente llega a la planta de procesamiento.
Entre estos factores se encuentran el transporte disponible, el costo del combustible y la necesidad de ingresos diarios por parte de las recolectoras. Debido a esta situación, muchas trabajadoras optan por vender pequeñas cantidades de material a intermediarios para obtener ingresos inmediatos.
“Muchas recolectoras venden pequeñas cantidades a intermediarios porque necesitan cubrir gastos básicos diarios”, señala Nina.
¿Qué materiales pueden reciclar y cuáles no?
De acuerdo con el vicepresidente de la asociación, algunos materiales tienen mayor potencial de reciclaje.
Por ejemplo, el cartón puede transformarse en productos como tapas de carpeta o maples de huevo, mientras que el papel puede reutilizarse para fabricar papel higiénico u hojas recicladas mediante procesos industriales que no generan impactos ambientales significativos.
En el caso del plástico, el proceso que realizan en Warmis Recicbol es principalmente físico. Consiste en la molienda y aglutinado del material, lo que permite convertirlo en una materia prima que posteriormente se vende a empresas que fabrican productos como bolsas de basura, tuberías, tanques o piezas plásticas.
Sin embargo, no todos los residuos pueden reincorporarse al circuito productivo.

Parte del material utilizado por Warmis Recicbol para capacitar a las recolectoras que se unen al trabajo.
En Bolivia, algunos materiales como el polipropileno postconsumo, presente en envolturas de alimentos o empaques multicapa, no cuentan con procesos de reciclaje industrial.
Tampoco pueden procesarse residuos como papel higiénico usado, pañales desechables, ciertos tipos de maples de huevo o botellas PET de determinados colores.
La alternativa de producir combustible
Frente a estos materiales que no pueden reciclarse y considerando además el contexto de los carburantes en el país, la asociación exploró la posibilidad de convertir plásticos en combustible mediante procesos de pirólisis.
La pirólisis es una tecnología que consiste en descomponer materiales a altas temperaturas en ausencia de oxígeno, generando combustibles líquidos o gaseosos a partir de residuos plásticos.
Según Nina, la organización realizó pruebas experimentales para evaluar la viabilidad del proceso.
“Hemos hecho las pruebas y sí sale. Actualmente, estamos probándolo en nuestro camión; el combustible sirve”, explicó. Sin embargo, también reconocen que el proceso no resulta económicamente sostenible en su escala actual.
Para producir un litro de combustible se requieren entre 1,2 y 1,3 kilogramos de plástico. En términos económicos, el resultado no es favorable.
El nylon reciclado puede venderse como materia prima entre Bs 10 y 10,50 por kilo, mientras que convertirlo en combustible implica mayores costos operativos, consumo energético y equipamiento especializado.
“Si hacemos números, no es sostenible. Se puede hacer, pero no es sostenible”, afirma Nina.
Además, la producción formal de combustibles requiere laboratorios certificados, regulación específica y procesos industriales, condiciones que actualmente superan las capacidades técnicas y financieras de la asociación.
Por estas razones, aunque técnicamente posible, la conversión de plástico en combustible no representa por ahora una solución económicamente viable para el manejo de residuos no reciclables.
El siguiente paso: el peletizado
Uno de los objetivos de la organización es avanzar hacia el peletizado, un proceso industrial que transforma el plástico reciclado en pequeños gránulos uniformes llamados pellets.
Estos pellets son la materia prima que utilizan muchas industrias para fabricar nuevos productos plásticos.
Según Nina, con este proceso podrían producir material apto para fabricar bolsas, recipientes plásticos, cañerías, tubos y otros productos industriales.

Pellets elaborados por Warmis Recicbol.
Un trabajo vulnerable y poco reconocido
Más allá de los procesos técnicos, uno de los principales desafíos señalados por Nina es la falta de reconocimiento social y seguridad para las recolectoras.
Muchas de ellas trabajan durante la noche o en la madrugada, lo que incrementa los riesgos de seguridad.
“Muchas sufren asaltos en las noches. Ni la delincuencia las perdona”, explica Nina. Según relata, en varios casos los robos se producen porque las recolectoras portan teléfonos celulares necesarios para coordinar su trabajo.
En algunos casos, también reportan dificultades para obtener apoyo inmediato cuando sufren robos o agresiones.
Además, enfrentan otros obstáculos cotidianos. Por ejemplo, algunos comerciantes prefieren vender los residuos reciclables a intermediarios, en lugar de entregarlos a las recolectoras.
“El punto más complicado es el acopio”, afirma Nina. Si las recolectoras dejan de trabajar, toda la cadena de reciclaje se detiene.
Como parte de los avances organizativos, la asociación impulsó la emisión de credenciales para recolectores en El Alto, un mecanismo que antes no existía y que busca formalizar mínimamente esta actividad.
Educación ambiental en colegios
Además de las actividades de reciclaje, Warmis Recicbol también ha impulsado iniciativas de educación ambiental. La organización comenzó su trabajo en el Distrito 8 de El Alto, donde desarrolló capacitaciones en 10 unidades educativas, alcanzando aproximadamente a 4.000 estudiantes.
Según estimaciones de Nina, el impacto indirecto podría alcanzar a unas 20.000 personas, considerando a las familias de los estudiantes.
El modelo consistió en capacitaciones curso por curso sobre clasificación de residuos y reciclaje.
Además, la asociación implementó un sistema de incentivos: cada unidad educativa recibía un pago por kilo de material reciclable recolectado.
De los ocho colegios que participaron inicialmente, cuatro continuaron el proceso de forma sostenida.
Aunque el modelo ha mostrado resultados en algunas zonas, su replicación depende del nivel de organización comunitaria y del compromiso de las juntas vecinales y unidades educativas.
Separación domiciliaria: una tarea pendiente
Para Nina, uno de los cambios más importantes que podría mejorar el reciclaje en la ciudad es la separación de residuos desde los hogares. Recomienda que los materiales reciclables se separen limpios y secos en una bolsa distinta a la basura común.
Entre los residuos que pueden separarse se encuentran botellas PET, hojas de papel, cartón limpio, nylon y otros plásticos reciclables.
Sin embargo, la adopción masiva de este hábito aún enfrenta barreras culturales, organizativas y logísticas.
Un modelo en construcción

Fotografía tomada Por Bolivia Verifica en la visita al espacio físico de Warmis Recicbol.
En poco más de un año y medio, Warmis Recicbol ha logrado consolidar una estructura de trabajo que combina organización comunitaria, conocimiento técnico y reciclaje de residuos urbanos.
La asociación ha recuperado toneladas de residuos que de otro modo habrían terminado en botaderos, al mismo tiempo que genera ingresos para más de 40 personas vinculadas a la actividad del reciclaje.
Sin embargo, su crecimiento depende de múltiples factores como la estabilidad del mercado del reciclaje, la seguridad para las recolectoras y una mayor separación domiciliaria de residuos.
Mientras estos elementos no se fortalezcan, el reciclaje seguirá dependiendo, en gran medida, de iniciativas comunitarias que operan con recursos limitados frente a un volumen de residuos que continúa en aumento.
