El agua en Santa Cruz: cómo se abastecen ciudades y comunidades del departamento más grande de Bolivia
Desde acuíferos subterráneos y vertientes hasta cooperativas urbanas y sistemas comunitarios, el abastecimiento de agua en Santa Cruz depende de múltiples mecanismos que varían según la región. Aunque el acceso al recurso hídrico es reconocido como un derecho humano por Naciones Unidas, garantizar que llegue de manera segura, continua y de calidad sigue siendo uno de los principales desafíos para el departamento.

En Santa Cruz, el agua que llega a un grifo en la ciudad o a un tanque comunitario en la zona rural puede haber recorrido cientos de metros bajo tierra o incluso varios kilómetros desde una vertiente en la montaña. Sin embargo, entender cómo se capta este recurso y cómo llega hasta los hogares no siempre es sencillo.
El Instituto Nacional de Estadística (INE) no mide directamente el acceso a “agua potable”. En cambio, el Censo 2024 registra la procedencia del agua en las viviendas, como cañería de red, pozo, vertiente, lluvia o pileta pública.
Por ejemplo, en el área rural del departamento de Santa Cruz, el 47,2 % de las viviendas accede al recurso mediante cañería de red, mientras que el 52,8 % restante utiliza otras fuentes, como pozos, pileta pública, carro repartidor, cosecha de agua de lluvia, manantial o vertiente protegida, y río, acequia o vertiente no protegida.
Las cifras provienen de distintas instituciones y los sistemas de abastecimiento cambian según la región. De igual manera, tener acceso al servicio no siempre significa que el agua sea potable ni que esté disponible de forma permanente.
Entonces surgen varias preguntas:
¿Cómo se abastece de agua el departamento más poblado del país?, ¿Qué diferencias existen entre las ciudades y las comunidades rurales?, ¿y cuáles son los principales desafíos para garantizar este derecho humano?
En este explicador recorremos el camino que sigue el agua en Santa Cruz, desde su origen en aguas subterráneas, acuíferos, ríos o vertientes hasta su llegada a ciudades y comunidades.
El agua como derecho humano
Según Naciones Unidas, el acceso al agua potable implica que el servicio sea seguro para el consumo humano, esté disponible de forma continua y sea accesible físicamente para la población. En 2010, la ONU reconoció el acceso al recurso hídrico y al saneamiento como un derecho humano esencial para la vida y la salud.
Además, establece que una persona requiere entre 50 y 100 litros de agua por día para cubrir sus necesidades básicas de consumo personal y doméstico.
En Bolivia, el acceso al agua también está reconocido en la Constitución Política del Estado. El artículo 373 establece que el líquido vital constituye un derecho fundamental para la vida y que el Estado debe garantizar su uso prioritario para la población, así como su gestión sostenible y equitativa.
Sin embargo, en el país el acceso al agua no siempre significa que esta sea potable o que esté disponible de forma permanente.
Para María Teresa Vargas, directora de Fundación Natura Bolivia, el principal reto hoy no es solo ampliar la cobertura, sino mejorar la calidad del agua que consumen las familias.
“Si uno piensa en qué tiene que invertir Bolivia en los próximos años, tiene que invertir básicamente en mejorar la calidad del agua”, señala.
Asimismo, advierte que muchas veces el acceso a una fuente de agua no garantiza que esta sea segura.
“El agua de la mayoría de los bolivianos tiene presencia de coliformes fecales, entonces no es potable. Es agua en tu grifo, en tu casa, pero todavía faltan varios pasos para que sea potable en su gran proporción”, afirma.
Aguas Subterráneas
En gran parte del departamento de Santa Cruz el agua proviene del subsuelo. A diferentes profundidades se encuentran los acuíferos que abastecen tanto a ciudades como a comunidades rurales. Para aprovechar estas reservas se perforan pozos que permiten extraer el recurso almacenado en capas subterráneas del terreno.

Perforación de pozo en la provincia Chiquitos / Foto: Web Gobernación
Según datos de la Gobernación, actualmente existen 1.645 pozos en funcionamiento distribuidos en las 15 provincias del departamento, muchos de ellos ubicados en comunidades rurales donde no existen redes urbanas de distribución.
“Estas perforaciones han permitido ampliar la cobertura del servicio en varias regiones del departamento, llegando a una cobertura del 95 al 96 % de agua en todo el departamento”, afirmó Percy Antelo, director del Servicio Departamental de Gestión de Recursos Hídricos de la Gobernación.

Los puntos naranjas simbolizan los pozo activos sobre los centros poblados que están en amarillo / Foto: Gobernación
Sin embargo, la profundidad y el tipo de perforación no son iguales en todo el territorio cruceño. Las condiciones geológicas cambian según la región, por lo que los técnicos deben analizar cada zona antes de iniciar un proyecto.
Antelo comenta que el departamento fue dividido en distintas macroregiones para entender mejor las características del agua subterránea y definir los métodos de perforación.
“Nosotros desde hace unos tres años venimos separando todo lo que es el departamento en macroregiones. Cada una tiene diferentes sistemas de agua y puntos de abastecimiento”, explicó.
En regiones como Cordillera, los pozos pueden superar los 250 metros de profundidad para encontrar acuíferos con suficiente caudal. En el Pantanal, en cambio, el agua se encuentra más cerca de la superficie y las perforaciones suelen ser menos profundas, alrededor de 120 metros.
La situación también cambia en la Chiquitanía, donde el suelo está marcado por la presencia del escudo brasileño, una formación geológica compuesta principalmente por roca. Allí se utilizan métodos de perforación distintos, conocidos como perforaciones por percusión.
En los valles cruceños, por su parte, muchas comunidades no dependen únicamente de pozos. En estas zonas existen vertientes naturales y cuencas de agua superficial que permiten captar agua directamente desde las montañas mediante sistemas de captación.
La situación en el Norte Integrado es distinta. Los pozos presentan bastante caudal y la principal tarea es buscar calidad. “Realizamos estudios de geofísica que detectan la probabilidad de agua y una vez hacemos la perforación encontramos la calidad del agua antes de hacer el tubado del pozo”, indicó Antelo.

Mapa de macroregiones del departamento de Santa Cruz / Foto: Bolivia Verifica
Cómo se encuentra agua bajo el suelo
Antes de perforar un pozo, los técnicos deben estudiar qué ocurre bajo la superficie. Para ello se realizan estudios geofísicos que permiten identificar la composición del suelo y estimar en qué zonas es más probable encontrar agua subterránea.
El procedimiento consiste en colocar estacas en el terreno y utilizar equipos que envían corrientes eléctricas al subsuelo. A partir de la resistencia que ofrece cada tipo de suelo —un fenómeno conocido como resistividad— los técnicos pueden interpretar si existen capas de arena, arcilla, roca o posibles acuíferos.
“Ese equipo genera electricidad y manda corriente al suelo. La resistividad del suelo envía la información al equipo y se grafica”, comenta Antelo.
Una vez identificado el lugar, se inicia la perforación del pozo, proceso que puede tomar varias semanas dependiendo de la profundidad y de las condiciones geológicas del terreno.
“Por ejemplo, un pozo de 300 metros nos tardamos aproximadamente 30 días en perforarlo”, detalla.

Equipos utilizados para medir la resistividad del área, estudios de las perforaciones y filtros utilizados a diferentes metrajes del pozo de agua / Foto: Bolivia Verifica
Del pozo al hogar: cómo llega el agua a las comunidades
Encontrar agua bajo tierra es solo el primer paso. Antes de que el recurso pueda ser utilizado por la población, es necesario comprobar que cumple con parámetros básicos de calidad.
Para ello se realizan análisis de laboratorio que evalúan distintas características físicas, químicas y bacteriológicas del agua. “Analizamos temperatura, pH, color, alcalinidad, dureza, minerales y también coliformes fecales”, señala Antelo.
Si el agua cumple con los parámetros establecidos, el sistema se equipa con una bomba sumergible que permite extraer el recurso hacia la superficie. Posteriormente el agua se almacena en tanques desde donde puede ser distribuida a las viviendas o a puntos de abastecimiento comunitarios.
En muchas comunidades rurales también se instalan cloradores que permiten eliminar bacterias que podrían generarse durante el almacenamiento.
Una vez concluido el sistema, la Gobernación entrega la infraestructura al municipio correspondiente. A partir de ese momento, la administración del servicio queda en manos de las autoridades locales o de organizaciones comunitarias.
La gestión comunitaria del agua
Además de los gobiernos municipales y las cooperativas, en varias regiones del país también participan organizaciones que apoyan a las comunidades en la gestión del agua y el saneamiento. Una de ellas es Water For People, una organización internacional que trabaja en Bolivia desde finales de la década de 1990 impulsando proyectos para ampliar el acceso a estos servicios en zonas rurales.
“En Santa Cruz hemos trabajado principalmente en las 19 comunidades del municipio de San Pedro, en la provincia Obispo Santistevan”, explica Grover Quiroga, responsable de monitoreo de la organización.

Pobladores de San Pedro con acceso a agua / Foto: Captura de video documental de Water For People
El trabajo en ese municipio se extendió por casi dos décadas. Según Quiroga, la organización desarrolló proyectos en la zona entre 2003 y 2022, acompañando a las autoridades locales y a las comunidades en la construcción y mejora de sistemas de agua y saneamiento.
“Tenemos un modelo que se llama Cobertura Total para Siempre y eso implica firmar convenios de largo plazo con los municipios para que el agua llegue al 100% de las comunidades, centros de salud y unidades educativas”, sostiene Quiroga.
El trabajo no consiste únicamente en perforar pozos o instalar tuberías. La organización también brinda asistencia técnica a los municipios para fortalecer la gestión local del agua y el saneamiento. “Las leyes bolivianas designan como último responsable de los servicios básicos a los gobiernos municipales. Nosotros fungimos como apoyo técnico y financiero para que cumplan esas competencias”, señala.
En San Pedro, el abastecimiento de agua depende principalmente de fuentes subterráneas. Las comunidades cuentan con pozos que extraen agua del subsuelo y con mecanismos de almacenamiento y distribución que permiten llevar el recurso hasta las viviendas.
“Hemos logrado que el 100% de las comunidades tengan acceso a agua y cerca del 90 al 95% tenga acceso a saneamiento”, afirma Quiroga.
Sin embargo, el especialista advierte que contar con acceso al agua no siempre significa que el recurso sea completamente seguro para el consumo humano. En el caso de San Pedro, por ejemplo, los estudios identificaron un problema estructural en la calidad del agua subterránea.
“Toda el agua subterránea que hay en San Pedro tiene problemas de exceso de flúor”, explica Quiroga.
Este tipo de situaciones refleja uno de los desafíos que enfrentan muchas comunidades rurales: incluso cuando existen sistemas de agua y la cobertura es alta, factores naturales o problemas de tratamiento pueden afectar la calidad del recurso.
Protección de las fuentes de agua naturales
Además de la infraestructura y los sistemas de distribución, el acceso al agua también depende de la conservación de los ecosistemas que alimentan ríos, vertientes y acuíferos. En Bolivia, una de las organizaciones que trabaja en este ámbito es Fundación Natura, que impulsa iniciativas de protección de fuentes de agua en distintos municipios del país.
“Fundación Natura trabaja en siete de los nueve departamentos del país y actualmente llegamos a 98 municipios”, indicó María Teresa Vargas, directora de la institución.
Uno de los principales programas que impulsa la organización son los Acuerdos Recíprocos por el Agua, un modelo que busca incentivar a agricultores y comunidades a proteger las áreas de bosque que rodean ríos, quebradas o vertientes.
A través de este programa, agricultores de distintos municipios conservan áreas de bosque dentro de sus predios para proteger las fuentes de agua. Según la organización, alrededor de 45.000 productores participan actualmente en estas iniciativas en todo el país, resguardando cerca de un millón de hectáreas de ecosistemas naturales.
En varios casos, estos acuerdos también se traducen en proyectos que permiten mejorar el acceso al agua en comunidades rurales.

Productores participan en iniciativas de conservación Foto: Web Fundación Natura
“Lo que hacemos es instalar la infraestructura necesaria —politubos, tanques de almacenamiento y sistemas de conducción de dos, tres o hasta ocho kilómetros— para que el agua llegue a la comunidad”, señala Vargas.
Un ejemplo de estas iniciativas se encuentra en localidades cercanas a San Javier, donde se implementaron redes de conducción de agua desde fuentes naturales hacia las viviendas.
“Las señoras caminaban kilómetros para traer agua. Ahora, por primera vez, pueden tener agua en sus casas”, relata Vargas.
Además de los acuerdos con agricultores, la organización también impulsa la creación de áreas protegidas municipales destinadas a resguardar cuencas y microcuencas que abastecen de agua a distintas poblaciones.
Hasta la fecha se han creado 33 áreas protegidas en 25 gobiernos municipales de Bolivia.
Entre estas iniciativas se encuentra el Área Protegida Bajo Paraguá, creada por los municipios de San Ignacio de Velasco y Concepción, que abarca alrededor de 1,2 millones de hectáreas. También destacan áreas de conservación vinculadas a la serranía del Aguaragüe, muy importante para las localidades del Chaco, que funciona como reservorio natural de agua para varias comunidades.
Asimismo, el municipio de San Javier creó el Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) Serranía San Lorenzo, una zona montañosa clave para la provisión de agua que abastece a cinco municipios, además de San Antonio de Lomerío, que también se beneficia de esta fuente hídrica.
Para la directora, la conservación de los ecosistemas es clave para garantizar la disponibilidad de agua a largo plazo.
“El primer filtro para un agua limpia es el bosque… es el filtro más barato que existe”, afirma.

Se han creado 33 áreas protegidas en 25 gobierno municipales / Foto: Web Fundación Natura
El sistema urbano: cómo se abastecen las ciudades de Santa Cruz
En las ciudades del departamento de Santa Cruz, el abastecimiento de agua funciona de manera distinta a lo que ocurre en muchas poblaciones rurales. Mientras en las zonas rurales el acceso suele depender de pozos comunitarios o captaciones de vertientes, en los centros urbanos el servicio se organiza principalmente a través de cooperativas que administran sistemas de extracción, almacenamiento y distribución mediante redes domiciliarias.
A diferencia de otros servicios como la energía eléctrica, el abastecimiento de agua requiere infraestructura más compleja y localizada. Las redes de distribución, los pozos de extracción y los sistemas de tratamiento deben instalarse dentro de un territorio específico, por lo que cada cooperativa tiene un área delimitada de prestación del servicio.
Un ejemplo de este modelo es la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, donde el servicio de agua potable es prestado principalmente por la cooperativa SAGUAPAC dentro de un área definida de cobertura.
Fernando Suárez, jefe del Departamento de Comunicación de SAGUAPAC, explicó que la cooperativa abastece gran parte de la capital cruceña y algunas zonas del área metropolitana, como sectores de La Guardia, Satélite Norte, Porongo y Cotoca.
“La cobertura de nosotros en agua potable es del 96,28% y del 69% en alcantarillado dentro de nuestra área de prestación del servicio”, señala el representante de la cooperativa, al indicar que no se alcanza el 100% debido a la expansión constante de la mancha urbana.
El sistema que opera en la ciudad se basa principalmente en la extracción de agua subterránea. A través de pozos de producción ubicados en distintos puntos de la ciudad, el recurso se bombea desde grandes profundidades hacia tanques de almacenamiento y luego se distribuye a los hogares mediante una extensa red de tuberías.

Funcionamiento del sistema de agua de Saguapac / Foto: Memoria Saguapac
“Los pozos extraen el agua de 350 metros de profundidad y la llevan a ocho tanques de almacenamiento. Desde allí se distribuye a los barrios mediante 5.672 kilómetros de redes que llegan directamente a las viviendas”, explica Suárez.
Asimismo, indicó que, aunque el agua extraída de los acuíferos profundos ya es considerada de buena calidad, el sistema incluye controles adicionales para garantizar su potabilidad antes de llegar a la población.
“El agua a 300 metros de profundidad es potable; es un agua de calidad la que tenemos en Santa Cruz. Pero de forma preventiva nosotros le inyectamos gas cloro o hipoclorito de calcio”, afirmó Suárez.
La cooperativa también realiza controles periódicos de calidad en diferentes puntos del sistema, tanto en boca de pozo como en la red de distribución y en los grifos domiciliarios.
Desafíos pendientes: calidad del agua y sostenibilidad
Aunque la cobertura de agua ha mejorado en muchas regiones del país, especialistas coinciden en que el reto ya no es únicamente llevar agua hasta las comunidades, sino garantizar que ese recurso sea seguro, continuo y sostenible en el tiempo.
Grover Quiroga, responsable de monitoreo de Water For People en Bolivia, señala que en varios municipios rurales se ha logrado ampliar la cobertura de los sistemas de agua. Sin embargo, advierte que el acceso no siempre garantiza que el recurso sea seguro para el consumo humano.
“Se han tenido avances importantes en cuanto a incrementar las coberturas. Hay menos personas que tienen que ir a recoger agua del río o de los curiches, pero todavía falta otra parte del camino: que el agua sea de calidad y que los servicios sean sostenibles las 24 horas los 7 días de la semana”, señala Quiroga.
Una preocupación similar comparte la directora de Fundación Natura, María Teresa Vargas, quien señala que, si bien en los centros poblados del país 9 de cada 10 personas tienen acceso a un grifo y en las zonas rurales 7 de cada 10 cuentan con una fuente de agua cercana, esto no significa necesariamente que se trate de agua de calidad.
“El agua de la mayoría de los bolivianos tiene presencia de coliformes fecales, entonces no es potable”, afirma.
A estos desafíos se suma la sostenibilidad de los sistemas. Muchos proyectos de agua en zonas rurales fueron diseñados para funcionar aproximadamente durante dos décadas, por lo que requieren mantenimiento constante y reinversión.
Para las organizaciones que trabajan en terreno, el desafío ahora es cerrar tres brechas:
- mejorar la calidad del agua
- asegurar la sostenibilidad de los sistemas
- proteger los ecosistemas que alimentan las fuentes hídricas.
En un departamento donde el agua puede encontrarse a cientos de metros bajo tierra o recorrer kilómetros desde una vertiente en la montaña, garantizar este derecho humano sigue siendo una tarea que involucra a gobiernos, cooperativas, comunidades y organizaciones sociales.
