A 15 días de la posesión de las nuevas autoridades nacionales, es un momento oportuno para revisar un aspecto que marcó la carrera electoral de muchas mujeres: las distintas formas de violencia que enfrentaron mientras buscaban un cargo público. Ataques digitales, acoso político, estigmatización simbólica y campañas de desprestigio configuraron un escenario desigual que afectó su participación y visibilidad. Este boletín reúne y evidencia los principales hallazgos sobre cómo estas violencias incidieron en su camino hacia las urnas y qué patrones dejan para futuros procesos electorales.
Este tipo de violencia en línea se manifestó en mensajes de odio, difamación, y cuestionamientos sobre su capacidad y ética, pero con un trasfondo claramente sexista. Las candidatas fueron blanco de comentarios que reforzaban estereotipos y que buscaban minar su legitimidad como líderes, creando un ambiente hostil que va más allá del intercambio democrático de ideas.
La desinformación en sí misma afecta la calidad del debate electoral, pero cuando se mezcla con la violencia de género, el daño es doble: restringe la participación femenina y perpetúa un espacio político profundamente desigual. Esta situación evidencia la necesidad urgente de garantizar la implementación de las normativas que protejan a las mujeres candidatas en el entorno digital, así como promover una cultura de respeto y pluralidad en los procesos electorales.
Las elecciones son un momento clave para fortalecer la democracia, pero para lograrlo, es imprescindible combatir tanto la desinformación como las formas de violencia política y de género que se han naturalizado en las redes sociales. Solo así se podrá garantizar una participación equitativa y digna de todas las voces en la política boliviana.
Aquí un resumen sobre la forma en que la violencia digital buscó influir en la opinión de la ciudadanía: